martes, 25 de junio de 2019
UNA MAÑANA DE PASTORAL MEDIOAMBIENTAL. FAMILIAS EN FAMILIA.
- Por: Un participante entusiasta
01/04/2019 - 204 Visitas


Subida a la Cruz de Santo Espíritu.

10 de la mañana del 23 de marzo del 2019.
Dando muestras de una gran concienciación y motivación algo más de 50 personas nos reunimos a las puertas del Colegio María Auxiliadora de Valencia. Acudimos expectantes a la cita que el ED y Pastoral en Familia había realizado por redes sociales, emails y carteles, ya que la primera salida del “Proyecto Laudato Si” fue una experiencia inolvidable. En esa anterior convocatoria sabíamos que íbamos a limpiar una playa cercana a la ciudad pero en esta ocasión solo conocíamos el destino, un paraje montañoso a 33 km de Valencia llamado Santo Espíritu.

Más de 10 coches nos pusimos en camino como una especie de caravana medioambiental, y, en apenas 30 minutos, llegamos hasta el aparcamiento de Santo Espíritu, Gilet. Estábamos a las puertas del la Sierra Calderona, un Parque Natural muy querido por los valencianos, pero también muy castigado por décadas de urbanismo incontrolado e incendios forestales.

Nada más bajar de los vehículos, nuestro guía particular nos reclamó para repartirnos “bombas ecológicas”. Bajo este extraño nombre nos dieron a cada persona un bola de tierra dura que cabía en la palma de la mano. Más tarde, nos explicaron que estas “bombas” estaban hechas con una mezcla de tierra, abono orgánico y semillas de plantas autóctonas y que todas fueron realizadas por los alumnos de Secundaria como parte de un taller organizado conjuntamente por VIDES para explicar el proyecto Honduras de huertos sostenibles y abastecimiento de agua.

Cuando todos tuvimos nuestra “particular” munición, nos dirigimos a un pequeño campo de olivos cercano y allí nos señalaron nuestro destino: la Cruz de Santo Espíritu (la creueta, como la llaman en el pueblo). Su color azul destaca sobre las rocas de arenisca rojiza tan comunes en la Calderona y que conocemos como rodeno. Está situada sobre una pequeña muela, no a mucha altura pero sí en un lugar emblemático sobre el monasterio franciscano de Santo Espíritu.

Con muchas ganas empezamos el ascenso entre pinos, romeros y lentiscos. Incluso pasamos por un pequeño campo de mandarinas que vinieron muy bien para combatir el espléndido sol que empezaba a imponerse. Con las consiguientes paradas para reagruparnos y disfrutando de la Naturaleza, la compañía y las risas de los más pequeños, llegamos hasta la cima. Las vistas desde la cruz son realmente espectaculares. A la izquierda, vemos el gran castillo de Sagunto y más allá el mar Mediterráneo; a la derecha, toda la Sierra de la Calderona. Con el debido respeto a las alturas y los cortados de la montaña, nos fuimos acercando a la cruz para inmortalizar el momento. Desde la punta del cortado se puede ver al fondo el monasterio enclavado en lo más hondo de un frondoso valle y ver los desatinos de la fiebre inmobiliaria que llevó a los chalets hasta el mismo límite del Parque Natural.

Después de almorzar, reponer fuerzas y disfrutar del paisaje, el guía de la expedición nos convocó alrededor de la Cruz y nos desveló el misterio de las bombas ecológicas que habíamos portado hasta la cumbre. Era nuestra pequeña contribución al cuidado de la Casa Común. En la encíclica “Laudato Si” el Papa Francisco nos invita a realizar acciones concretas para acabar con esta situación de deterioro ambiental que termina dañando al propio ser humano, especialmente a los más pobres. De ahí nació esta idea, íbamos a lanzar las bombas por el cortado al que se asoma la Cruz, con la esperanza de que al caer y romperse en pedazos ayudemos a esparcir las semillas que contienen y así contribuir a repoblar la deforestada ladera de la montaña. Pero antes del lanzamiento, leímos “Oración por nuestra Tierra” una de las dos que el mismo Papa Francisco compuso con motivo de la encíclica y nos explicaron algún detalle sobre el origen de las montañas que estábamos recorriendo. Después de nuestro pequeño gesto iniciamos el descenso para delicia de los niños y con más cuidado para los mayores.

La bajada nos brindó otra oportunidad de disfrutar del entorno, llegando a los coches cansados pero con esa sensación que se tiene cuando se ha respirado aire puro, se ha olido la flor del tomillo y la retama o cuando tu vista se ha llenado del verde de los pinos y el rojo de de la tierra. No fue una simple excursión al campo, fue una experiencia consciente de toda la Vida que nos rodea y de cómo nuestras malas acciones rompen el precioso equilibrio de la Creación. Además hicimos nuestra pequeña contribución a reparar los daños que a lo largo de los años hemos causado.
Pocas veces podemos conocer y poner en práctica una Encíclica con toda la Comunidad Educativa, por eso esperamos que el “Proyecto Laudatorio Si” tenga continuidad y se contagie a otros colegios.

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